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| EN LA VIDA NO HAY COINCIDENCIAS SINO PROVIDENCIAS Testimonio de la Hna, María Elena Zamudio |
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Hna. Ma. Elena Zamudio Navarrete Al terminar la secundaria me preguntaba a qué me dedicaría por el resto de mi vida, no sabía pero Dios ya tenía un plan para mí. Por este tiempo me dolía ver que cada vez más personas dejaban la religión católica para integrarse en cualquier secta, por eso decidí asistir a unos cursos de Biblia. Los cursos que recibí me gustaron tanto que algo me decía en mi interior que no callara lo que había aprendido, hasta que una tarde mi compañera de la secundaria me platicó que ayudaba a unas madres guadalupanas a dar catecismo en el templo y ella atendía a los niños, me invitó a participar, decidí hacerlo y cuando estábamos esperándolas, los niños las alcanzaron a ver de lejos con mucha facilidad, y todos muy contentos dijeron “son las madrecitas que nos traen a DIOS” me impactó escucharlo y además verlas con su hábito, algo sentí en mi interior que me decía: quiero ser como ellas. Ellas nos prepararon para impartir los temas, además de hablarnos de la vocación y así poco a poco la idea de ser Religiosa fue creciendo en mí, sobre todo al escuchar lo grande que es consagrar la vida al Señor. Me invitaron a una jornada vocacional, mi papá me dio permiso pero me pidió que trabajara para pagar lo necesario, yo lo hice plantando árboles, hasta que logré juntar la cantidad señalada y asistí; en este retiro descubrí el lugar al que Dios me llamaba y no había duda, era consagrarle mi vida totalmente. Seguí adelante pero a mi papá ya no le parecía del todo la idea y comenzó a ponerme trabas para asistir y a pedir que yo pagara todo para la segunda jornada, así que conseguí un trabajo de vender blancos casa por casa lejos de la ciudad de Celaya y conseguí el dinero y además ahorré para el Pre vida Religioso donde yo quería participar. Se llegó la fecha para asistir al Pre vida, para esto mis padres ya se estaban haciendo a la idea de que iba en serio lo de ser religiosa, por lo que me negaron el permiso, me inscribieron a una escuela de cultura y belleza para que me distrajera y se me pasara, y mi padre amenazaba con sacar a golpes a la Madre si iba a la casa a pedir el permiso para asistir al pre vida, cosa que no hizo, me dio permiso y asistí ese 22 de mayo de 1998 a la casa central de las HMIG. Desde el momento que entré y vi la casa dije: este es mi hogar, al ver a las madres y hermanas formandas muy felices me convencieron que la entrega de la vida a Dios es causa de alegría y felicidad, por lo que no dudé en dar mi sí. El problema era cómo decirles a mis papás, si cada vez era más complicado, sufría mucho, no sabía cómo hacerlo, pero a la vez hacía oración en Catedral de Celaya ante Jesús Eucaristía pidiéndole su fuerza para no desanimarme ante las fuertes críticas que me hacían.Se me invitó a hacer la solicitud para ingresar el próximo mes de agosto al aspirantado, por lo que ni permiso pedí esta vez a mis papás, pero cuando les dije que ya me habían aceptado fue muy difícil para toda mi familia asimilar lo que quería hacer. Cuando llegó la Madre para firmar el permiso, mi papá no estuvo, se salió de la casa por todo el día y no firmó mi permiso sólo lo hizo mi mamá.Llegó el día de entrar al aspirantado ese 26 de agosto de 1998 mi papá no terminaba por aceptar la decisión que había tomado así que al despedirme de él no me abrió su habitación para decirme como de costumbre “que Dios te acompañe” fue muy difícil, su corazón sufría igual que el mío pero en mi interior escuchaba la frase de “quien deja padre, y madre por Mí y por el Reino recibirá el ciento por uno y la vida eterna” Llegué a México y al entrar me di cuenta que era la mejor elección, y al llegar la primera visita en el mes de diciembre mi papá me dio un abrazo tan fuerte que nunca lo olvidaré, y al verme tan feliz ya no dudó en que este es mi lugar. Ya han pasado varios años dentro, se me han hecho un suspiro sintiéndome la mujer más feliz porque he elegido la parte mejor. DIOS NO CANSA DE DERRAMAR BENDICIONES DENTRO DE MÍ Y EN MI FAMILIA. AHORA SÉ QUE DIOS ME COLOCÓ AQUÍ NO POR COINCIDENCIA Y AQUÍ QUIERO VIVIR EN ESTA MI SEGUNDA FAMILIA, LA CONGRAGACIÓN DE LAS HMIG LA QUE ME HA VISTO CRECER PARA ALCANZAR CON MUCHO ENTUSIASMO LA SANTIDAD Y AYUDAR A MIS HERMANOS A ALCANZAR NUESTRO CIELO PROMETIDO
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